Es asombroso el mal perder de algunas personas. Cuando el crupier o la persona que reparte no nos da buenas cartas, no podemos insultarle. Si lo pensamos detenidamente y no bajo el calentón momentáneo, seremos capaces de discernir por nosotros mismos que esa persona no tiene culpa alguna de las cartas que nos toquen, no eligen las cartas y no reparten las peores con intención de fastidiar. Está claro que no a todos se les puede dar buenas cartas, si no no habría ganadores. A demás de que debemos tener en cuenta que quizá lo que para nosotros son unas pésimas cartas otro jugaría con ellas. No llueve nunca a gusto de todos. Cuando jugando a poker nos tiramos de una mano y casualmente cuando se ha repartido la última carta, resulta que ganábamos, no se puede poner a chillar, y a insultar a los de su alrededor. Ellos no tienen la culpa de que hayamos hecho una elección errónea. O puede ser que no fuese errónea, simplemente que había un bajo porcentaje de posibilidades de conseg...
Críticas de situaciones que nos acontecen a todos.