Las desastrosas consecuencias de un estallido de cólera.
Malo es que cuando algo te ocurre o te dicen algo que no te gusta, no tengas la suficiente sangre fría para tomártelo con calma y pensarlo fríamente, para ser capaz de analizarlo y llegar a consiguiente conclusión de que no todo es tan malo como en realidad te parece.
El inconveniente es que cuando te sucede a ti es difícil verlo desde un punto de vista objetivo (lógicamente te atañe a ti, y utilizar la lógica cuando el cuerpo te pide que te reveles es difícil).
Lo malo de enfadarse es que la mayoría de las ocasiones no consigues absolutamente nada productivo. Lo más seguro es que lo único que ganes sea un buen dolor incontrolable de cabeza.
La mayoría de las veces las personas que han producido dicho agravio no lo han hecho con intención dañina y no entienden cual es la causa del enfado por mucho que tú te enojes. Y lo único que consigues es irritarte tú y poner en primera línea de fuego a personas que no tienen nada que ver. Personas que intentan apaciguarte sin saber que ese acto aviva las llamas de tu frustración autodestructiva.
Y si el caso es el contrario al anteriormente mencionado, y la persona objeto de tu ira lo ha hecho con toda la intención, hemos de aclarar que ha conseguido su objetivo, la has hecho feliz.
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