
El orgullo de hacer algo mal.
Hay gente que no contenta con haberse pasado años tocándole las narices a los de su alrededor que le han dado todo lo que tenían sin pedir nada a cambio, a demás se siente orgulloso de ello.
Para poner en situación, cuando me refiero a todo hablo de techo, comida, ropa, cariño, caprichos…
Lo que más me asombra de esta gente es que después de años ayudándoles con todo lo que tienes lo único que ganas a cambio es que destroce tu casa, tu familia, y tu moral.
No agradece nada y su forma de corresponderlo es poner en contra al sujeto más débil de su entorno para de este modo al menos tener a alguien de su parte cuando llegue la crisis final.
Una vez llegado este momento y que las cosas se pongan tan feas que “se le acabe el chollo” y le echen del entorno del que se ha estado aprovechando, su forma madura de afrontar la situación es fingir que aquellas personas hartas que le han echado no están en la misma calle que él/ella, y seguir malmetiendo a esa pobre e ingenua victima.
Pero no todo es para siempre, y hasta estas malas personas se cansan de fingir y de tratar de hacer entender que son víctimas, de modo que dejan en la estacada a su ya mencionada víctima sin ninguna contemplación.
Las antes llamadas “personas débiles” no son tontas, no nos confundamos, y cuando les dejan en la estacada justo después de que la cosa se ponga fea y echen a estos sujetos pesar de que lo ocurrido nada haya tenido que ver con ellos, se dan cuenta de que algo no va bien, o que no ha ido bien en ningún momento, por lo que tras sentirse utilizados, se atreven a preguntar.
Y aquí la desfachatez de estas “malas pécoras”. En posts anteriores he mencionado que me dan asco las mentiras, pero hay verdades que es mejor decir con algo de tacto, y no regocijarse en sus malos actos y declarar sin ningún remordimiento que han estado utilizando a estas “personas débiles” y a su entorno porque no tenía dónde ir ni con qué.
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