Debemos aprender a ser más civilizados.
No podemos quejarnos de que los demás no quieran estar con nosotros, si nos comportamos de forma grosera, malhumorada y extrañamente hipersensible en todo momento.
Tenemos que comprender que las personas de nuestro alrededor no tienen porqué aguantar todas y cada una de nuestras rabietas y malos modos. Que las personas con las que pasamos el tiempo tienen un límite en su paciencia aunque no sepamos dónde está ese límite.
Debemos comprender que si cada vez que esas personas quedan con nosotros tienen que estar continuamente escuchando reproches, discusiones, y diatribas desagradables en general, llegue un momento en el que nos cuelguen el cartel de “Persona Non Grata” .

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