Demasiados problemas que resolver para una misma persona.
En ocasiones hay que dejar de pensar en los demás para pararnos a pensar en nosotros mismos aunque sea una vez.
No tenemos que estar pendientes continuamente de lo que harán los demás, qué dirán y como se las apañarán. Solo nos hace falta un poco de fe. Fe en que la otra persona en un momento de crisis será capaz de valerse por si mism@ y de que hallará la solución a sus problemas antes o después.
No podemos tener el control de todas las situaciones a nuestro alrededor constantemente. Lo mejor es dejar que por una vez las personas que más quieres sepan apañárselas y crezcan como personas en lugar de pasarse toda la vida dependiendo de la caridad ajena.
Hay personas que pese a tener sus propios problemas sin resolver tratan de solucionar los que no son suyos.
Empecemos solucionando lo que tenemos más cerca, los nuestros, que son los que realmente nos dificultan la existencia. Y después, cuando lo tengamos todo controlado, si nos piden ayuda, aportamos una solución si es que la tenemos.

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